De paseo por el ragusano

Detalle

Explorando el territorio que se estrecha alrededor de su capital, Ragusa, nos vienen a la mente las palabras del escritor Gesualdo Bufalino cuando dice:

«Las Sicilias son tantas que nunca terminaremos de contarlas». Está la Sicilia verde del algarrobo, la blanca de las salinas, la amarilla del azufre, la rubia de la miel y la púrpura de la lava. Está la Sicilia «babba», es decir, dócil hasta parecer boba.

La historia del ragusano la cuentan las piedras si te detienes un instante a aprender su lengua en la catedral de San Jorge (Duomo di San Giorgio) encaje y salón de Ibla, baluarte y símbolo de renacimiento, hasta todo el barroco de las dos ragusas.

Hablan del esfuerzo inmenso de un pueblo, el orgullo y la victoria sobre el desastre del terremoto de 1693 con su piedra amarilla, descarada y seductora que se vuelve dorada con el sol cegador de Sicilia, recortada en el azul cobalto del cielo.

Esta ciudad seduce y enamora. Conserva el antiguo candor y la dócil belleza de las suaves sábanas aún tibias por la piel que han acariciado, orientada a las colinas doradas que envuelven la ciudad, ahora interrumpidas por los verdes bosques de algarrobos, por los profundos valles que los torrentes surcan en las frescas noches de verano, perfumados por los aromas mediterráneos, aplacan el chismorreo de las aguas con el croar de las ranas que resuenan hasta los salones de los grandes palacios de arenisca.

La vieja carretera estatal atraviesa los valles y curvas cerradas, sale a las colinas hibleas y se encuentra con bellísimos y verdes bosques ricos en torrentes y masías, acantilados y cuevas o antiguos hipogeos rupestres, como las grotte dei Santi e dei Denari, fuente de antiguas leyendas de ricas truvature o hallazgos de tesoros ocultos perdidos en el tiempo.

Una parada obligada es Monterosso Almo. Ya en el circuito de los pueblos más bellos de Italia, una ciudad impresionó a Tornatore hasta el punto de convertirlo en escenario de suHombre de las estrellas (L’uomo delle stelle)

El corazón del pequeño centro es una bella plaza bien cuidada donde la vida transcurre plácida y somnolienta y la gente se detiene para hablar con los amigos como si de una extensión de la casa se tratara, donde el rumor más ensordecedor es el de las campanas de la iglesia de San Juan (chiesa di San Giovanni) con su característica fachada de campanario y las golondrinas.

Guiados por el aroma del café y de los dulces recién horneados, nos detenemos en uno de los pequeños bares del centro. Imposible resistirse a los ravioli de ricota y canela capaces de despertar el paladar más perezoso.

Al salir de Monterosso, nos encontramos con una encrucijada: a la derecha la carretera se desvía hacia la ciudad de Chiaramonte Gulfi, denominada «Balcón de Italia» por el enclave en el que se ubica. La ciudad, de origen antiguo, debe su nombre al señor feudal Manfredi Chiaramonte, conde de Módica, que en el siglo XII la mantuvo como feudo. El centro goza de una rica tradición gastronómica que abarca desde los productos típicos de la tradición campesina hasta los ricos menús con deliciosas carnes que sirven los pequeños restaurantes de granja o los pequeños locales caseros del centro.

Después de comer (de la necesidad, virtud) es recomendable pasear por el corazón del centro histórico con sus numerosas iglesias y pequeños museos para hacer la digestión.

La otra calle, la de la derecha, nos lleva al pequeño centro de Giarratana, ciudad belén cuyo centro histórico, llamado Cuozzu, se llena de vida, colores, sonidos y sabores durante la Navidad, mientras el resto del año alberga un recorrido de casas museo dedicadas a la vida campesina.

La aldea es tan pequeña que solo se tarda dos minutos en salir de ella. Aquí nos detenemos en una panadería, embriagados por el exquisito olor a pan y a repostería casera. Dejamos a pocos metros la entrada al Parque Forestal de Calaforno, una verdadera prefiguración del Edén tanto por su plantación de plataneros y pinos como por sus ríos, arroyos, cascadas y molinos con área de descanso incluida.

Continuando nuestro trayecto, a pocos kilómetros nos encontramos un tramo sobre un pequeño puente, ¡entre el azul del cielo y el del lago! Aquí se encuentra un característico embalse llamado Lago de Santa Rosalía. Una pequeña iglesia de campo situada en las cercanías ha servido como pretexto para que algunos transformasen sus pequeñas casas de campo y masías en pequeños negocios de agroturismo o restaurantes, por lo que esta opción no nos dejaría con el estómago vacío.

A través de pequeñas gargantas, antiguas villas socarronas y exuberantes viveros de esencias mediterráneas, llegamos por fin a Ibla tras una pronunciada curva, el primer núcleo habitado de Ragusa, prácticamente una ciudad en sí misma y parte importante del plató al aire libre del Commissario Montalbano.

La cúpula de la Duomo domina los tejados de las casas circundantes y su amplia fachada es la quinta a la que se llega en la plaza tras un laberinto de imponentes y suntuosos palacios.

Aquí se encuentra el Círculo de Conversación, elegante punto de encuentro para la nobleza de Ragusa del siglo. A continuación, a la derecha de la Duomo, tenemos el Palazzo Donnafugata, todavía propiedad de la célebre familia Arezzo, con su pequeño teatro del siglo XIX.

Admiramos la arquitectura elegante e incluso excesiva y mordaz del Palazzo Cosentinicon su barroco «parlante» y desde el cual parte una de las antiguas calles que conectan los núcleos antiguo y moderno de Ragusa Superior.

También las callejuelas, las casas bajas, los patios, los intrincados barrios desiertos con las ventanas cerradas y las manchas de agua jabonosa, macetas con aromática albahaca y geranio delante de las puertas habitadas por el sol y el polvo. Esta es laruta de los escalones que atraviesa toda la ciudad y se abre a una plaza soleada y a la grandeza de la escalinata de la iglesia del Purgatorio (chiesa del Purgatorio) o también a los colores y formas árabe-normadas de la iglesia de Itria (chiesa dell’Itria) que recuerda vagamente a un minarete por la forma y colores de su cúpula. En cada callejón, nunca anónimo, se puede descubrir una pequeña iglesia u oratorio como la vestusta Santa Petronilla, o un portal gótico, último vestigio de la antigua iglesia de San Jorge (chiesa di San Giorgio).

Después están los ventilados Jardines Hibleos (Giardini Iblei) que conservan el encanto antiguo de la bélle époque, donde la aparición de las damas con deslumbrantes sombrillas no causaría ningún asombro en un natural trompe l’oeil, como los que adornan las salas de la suntuosa y ecléctica residencia de los Arezzo, importante familia del lugar emparentada con los Paternó Castello del feudo de Biscari, hoy Acate. La residencia de verano de los Arezzo, el Castillo de Donnafugata, pronto cobrará vida en el Museo del Traje de sus antiguos habitantes.

La provincia de Ragusa es un territorio muy rico y variado, con sus mesetas y verdes pastos de invierno salpicados de profundos valles kársticos que van degradándose hasta constituir una amplia costa de playas de maravillosas aguas cristalinas. Sus costas se extienden sin interrupción desde Sampieri hasta Scoglitti, pasando por Donnalucata y Puntasecca, lugar de residencia del famoso comisario, por Caucana, antiguo puerto siciliano-griego, y Kamarina, importante colonia siracusana destruida por los árabes y delimitada por un importante museo arqueológico con impresionantes vistas al mar.

En la misma espléndida costa, la Reserva Forestal de Randello está delimitada por los bosques de pino de Aleppo y matorrales mediterráneos. Aguas cálidas y cristalinas y las esencias de los bosques ricos en vegetación. Al mar se llega casi por casualidad a través de las altas dunas de arena fina.

Las otras dos aldeas históricas Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO (y de «El comisario Montalbano») son Módica y Scicli.

En Módica nos espera laespectacular escalinata de la iglesia de San Pedro (chiesa di San Pietro) y de la Duomo de San Jorge (Duomo di San Giorgio) ¡con sus 250 escalones! Una vez recuperado el aliento, desde aquí podemos admirar las espléndidas vistas al mar de la ciudad. Entre las especialidades gastronómicas típicas se incluyen las empanadillas dulces de carne y chocolate, el biancomangiare con canela (dulce de almendras y leche), el licor de pistacho y el café de Módica recién tostado. Una apoteosis absoluta de sabores y aromas.

Otras dos ciudades bastante pobladas de la provincia de Ragusa son Comiso y Vittoria, la primera es la sede de un nuevo aeropuerto, la segunda se ha hecho célebre por sus hortalizas. Ambas merecen una visita. Vittoria, con su planta cuadriculada, es la más reciente de la provincia al haber renacido tras el gran terremoto.

Aquí iniciamos nuestro itinerario con un paseo por la fracción marina de Scoglitti, con un cielo despejado sobre un mar a menudo tranquilo incluso en invierno. Visitamos el Museo Arqueológico repleto de tesoros y enclavado en un promontorio de la antigua colonia greco-romana.

Por la noche, regresamos al pasado en el corazón modernista de la ciudad: via Cavour y Piazza del Popolo con su teatro, una joya extraordinaria de arte neoclásico dedicado a la fundadora de la ciudad, Victoria Colonna.

En la cercana Comiso vamos a la búsqueda de sus bellas iglesias tardobarrocas profusas en obras de arte: San Biagio, Santa Maria delle Stelle (Santa María de las Estrellas). Debajo de Piazza Fonte Diana se han hallado los mosaicos de las Termas Romanas como testimonio de la continuidad de su historia. Merece la pena visitar Comiso para conocer los lugares de un digno representante de la Soledad, Gesualdo Bufalino, con quien hemos iniciado este viaje.

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