Castroreale

Detalles

La «fidelísima» de Federico II de Aragón, encaramada en los montes Peloritanos noroccidentales, bella y fascinante, con su historia, sus iglesias, sus obras de arte y sus espectaculares vistas.

Según una antigua leyenda, la localidad de Castroreale, en la provincia de Mesina, se remonta a varios siglos antes del nacimiento de Cristo, cuando un rey de Oriente llamado Artenomo fundó una ciudad que bautizó con el nombre de Artemisia en honor a su hija. Posteriormente, Artemisia se casó con Castoreo, quien construyó un nuevo asentamiento, Krastos, que con el tiempo cambió su nombre primero a Crastina y luego a Cristina o Crizzina , el cual duró hasta las primeras décadas del siglo XIV.

El asentamiento jugó un papel importante en el periodo de las Vísperas sicilianas. Para recompensar la fidelidad demostrada durante la lucha contra los angevinos, Federico II de Aragón, con un diploma de 1324, ordenó la construcción del castillo.

Aquí comienza la auténtica historia de la ciudad como tal, que asume primero la denominación de Castro y luego de Castroreale.

Hasta finales del siglo XV, había una numerosa y activa comunidad judía, de cuya sinagoga (o moschita), ampliada en 1487, sigue siendo hoy el arco que se ve detrás del Monte di Pietà. Después del terremoto de 1693, en Castroreale surgieron numerosos asentamientos de estilo barroco tardío.

La visita al centro histórico comienza en la Piazza delle Aquile. La Iglesia Madre, de los primeros treinta años del siglo XVII, tiene la fachada principal cerrada a la derecha por el campanario del siglo XVI. En el interior hay varias obras de Antonello Gagini, Francesco Cardillo, Andrea Calamech, Filippo Jannelli y Rinaldo Bonanno.

La iglesia esconde un interesante secreto: al cruzar la entrada se puede observar la línea meridiana que discurre transversalmente a lo largo del suelo hasta el eje longitudinal de la nave central, que indica la dirección Sur-Norte del meridiano terrestre del lugar. Se ha conservado intacta, pero incompleta, hasta el día de hoy, a pesar de los desastrosos terremotos y la intervención humana. Fue diseñada y construida en 1854 por Nicolò Perroni Basquez, de Castroreale. Se trata de un reloj solar o meridiana de cámara oscura. En el interior de la Iglesia Madre se conservan piezas de plata de los maestros mesineses del siglo XVII.

Desde la plaza lateral a la iglesia, en la que se alza una portada de mármol del siglo XVII coronada por tres águilas, podemos disfrutar de unas vistas impresionantes de las islas Eolias y el valle del Longano. Los numerosos portales de sillería de los siglos XVI y XVII y las rejas de hierro forjado son testimonio de la antigua magnificencia de la calle, que fue una arteria importante de la ciudad.

La antigua Via Moschitta, una vez llena de conventos e iglesias, es hoy guardiana del pequeño y precioso patrimonio que queda. En Piazza Pertini se encuentra el edificio Peculio, sede del Ayuntamiento, el Monte di Pietà del siglo XVII, el lateral de la iglesia del S.S. Salvatore y su campanario de 1560. Al fondo, hacia la montaña, yace el arco de la sinagoga judía. Si continuamos, veremos la Pinacoteca de la Iglesia de Santa Maria degli Angeli, con obras del siglo XIV, XV y XVI, y los arcos de los antiguos conventos de San Nicolò y del monasterio femenino de las benedictinas.

El Museo Cívico tiene varias obras de gran valor entre las cuales destacan: un Salvator Mundi de Polidoro Caldara da Caravaggio (alumno de Rafael que trabajaba en Mesina entre 1528 y 1543), una cruz pintada del XIV, un crucifijo de madera del XV, el monumento fúnebre de Geronimo Rosso por Antonello Gagini, el Retablo de la Virgen entre los santos por Gaspare Camarda y tres pinturas de Filippo Jannelli. También podrás contemplar el Políptico de la triada de finales del siglo XV y el lienzo de la mesa de la Virgen en el trono con el Niño y los Ángeles de Antonello de Saliba.

Descubre la iglesia de S. Filippo Neri de 1600, con el Oratorio adjunto, sede del Museo Cívico. Es interesante visitar el complejo arquitectónico de S. Agata y S. Marina, esta última con elementos normandos y una fortificación aragonesa mezclados con una planta del siglo XVI. Dentro de la iglesia de Santa Ágata se encuentra la famosa estatua del Cristo Lungo, que sacan en procesión los días 23 y 25 de agosto y durante la Semana Santa.

Y también cabe destacar la puerta Raineri, reconstruida a principios del siglo XIX, que una vez sirvió de entrada norte a las murallas, la iglesia de la Candelaria (siglo XV), con una cúpula árabe particular, y la Torre Federico II de Aragón, el único vestigio sobreviviente del castillo que construyó en el 1324.

¡Visitar Castroreale también implica sumergirse en sus tradiciones gastronómicas!

Además de los platos genuinos de la cocina tradicional siciliana, Castroreale es famosa sobre todo por sus galletas. En particular, u biscottu castricianu o u biscottu da badissa, cuya receta perteneciente a las monjas clarisas del Monasterio de Santa María de los Ángeles de Castroreale fue secreta durante mucho tiempo. Algunos pasteleros elaboran hoy esta delicia tras descubrir los ingredientes: anís, canela, manteca de cerdo, azúcar, clavo, vainilla, levadura de cerveza, masa madre casera, harina, agua y sal. ¡Los conservantes están prohibidos! Para degustarlas, ¿qué mejor ocasión que la fiesta [link a Sagre e feste del cibo in Sicilia] dedicada a ellas, que tiene lugar en la segunda quincena de agosto?

También hay que probar los macarrones caseros y el arroz negro durante la Navidad, preparado con azúcar y almendras tostadas y machacadas.

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