Senderismo en las Eolias

Detalle

Subir hasta la cima de un volcán es una experiencia única.

Puedes caminar por cumbres diferentes a través de las selvas invadidas por el perfume de las flores de alcaparra y las retamas. Recorrer las blancas extensiones de piedra pómez y la afilada belleza negra de la obsidiana para admirar de cerca los fragmentos de lava de los cráteres que se abren paso entre los viñedos de malvasía. Caminar a paso lento o sostenido, desenredándote entre las ramas de la adelfa, los arbustos del mirto, el brezo y el olivo.

Esto es lo que puede suceder solo en Sicilia, en uno de los archipiélagos más atractivos y únicos del mundo.

El archipiélago de las Eolias consta de siete islas, todas de origen volcánico, más una extensión de rocas, islotes y farallones diseminados sobre un mar cristalino: cada una de estas islas —Lípari, Salina, Vulcano, Stromboli, Filicudi, Alicudi y Panarea— son un pequeño paraíso de excepcional diversidad, perfecto para recorrerlo a pie debido a sus empinadas subidas que, desde el nivel del mar azul, llegan hasta cimas que rozan los mil metros. Desde aquí se abarca un panorama excepcional y se puede competir para distinguir las siluetas de las islas más distantes como si de animales prehistóricos dormidos en el agua se tratara.

No podemos olvidarnos de las subidas con dos cráteres: el de Estrómboli a através de la negra Sciara del Fuoco, hasta el Pizzo a 918 m sobre el nivel del mar y con las explosiones de lava (una cada 5-6 minutos) claramente visibles, y el de Vulcano, un infierno dantesco, entre los gases sulfurosos emanados de la tierra y los lodos terapéuticos, perfectos para disfrutar de un baño caliente.

Cada una de las islas cuenta con al menos una ruta inolvidable.

En Filicudi se encuentra Punta Lazzaro, a la que se puede llegar por un sendero todavía presa de las zarzas; en Alicudi, el Filo dell’Arpa con sus terrazas y campesinos que todavía suben a lomos de una mula.

En Salina, el Monte dei Porri, la Fossa delle Felci y el increíble Pollara, cráter sumergido hasta la mitad donde se filmó Il Postino, la última película de Troisi. En Panarea tenemos Punta del Corvo, desde donde se puede disfrutar de las vistas de Dattilo, Lisca Bianca y Basiluzzo. En Lípari tenemos el Monte Pilato, Capo Bianco, las peculiares canteras de piedra pómez de Porticello y de Caolino en Quattropani con policromías color pastel.

Un chapuzón en las islas Eolias, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y otro en una tierra ancestral forjada por la roca, las olas y el fuego. Habitada desde el Neolítico gracias a la valiosa obsidiana y la fertilidad del suelo volcánico, ha sido remodelada siglo tras siglo por la paciente mano del hombre que ha ido construyendo muros de piedra seca, caminos, senderos y callejuelas.
Hoy podemos disfrutar del increíble paisaje donde el tiempo parece haberse detenido para recuperar en cierto modo la forma de vida de los antiguos dioses que antaño la habitaban y cuya presencia aún es tangible en una belleza inusual e incomparable en el mundo.

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